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En la playa con Martina - Cortesía de Librored.com

Este relato sucedió hace 7 años, ahora mismo tengo 28 años, me llamo Federico y vivo en Madrid.

Era verano, en el mes de agosto, había terminado el año mis estudios sin problemas, y me fui a pasar todo el mes de agosto con mis tíos, en su casa de la playa. No era la primera vez que me iba, pero no un mes entero.

Mi estancia se reducía en ir a la playa, conocía algunos amigos pero era bastante tranquilo en la segunda quincena, vinieron dos parejas de amigos de mis tíos, todos rondando los 40 años. Entre ellos una pareja, que los conocía de saludar, y la mujer (Martina) era muy atractiva, debía medir cerca de 1,65, delgada, pelo largo rubio (teñido, aunque no excesivamente), sin muchas curvas pero suficientes para quedarte observándola mientras estaba en bikini, y mas todavía cuando iba con vestidos.

Yo no me mezclaba mucho con ellos, y estaba todo el día tumbado en cualquier parte, nuestro acercamiento empezó un miércoles, que estaba echándome la siesta en el sofá, en calzoncillos pensando que no hubiera nadie. (Debo decir, que físicamente yo no estaba mal, pero sobre todo destacaba mi pene, con una medida aprox. de 24 cm., y en situación flácida bastante grande).

Ese día, al despertarme noté que mi pene, sobresalía un poco de mis calzoncillos sin estar en erección, pero mi sorpresa no fue esa, sino que desperté al oír un ruido, era Martina, y vi que miraba hacia mis calzoncillos con cara de sorpresa, y rápidamente se disculpó al despertarme y cogió un libro.

Eso me excitó enormemente, pero lo dejé pasar. Al día siguiente, oí discutir en la piscina, resultaba que Martina quería ir a la playa, pero nadie quería ir, su marido (alguien bastante desagradable), al verme me agarró y dijo porque no llevas a mi mujer a la playa. Yo acepté encantado. En el coche, pregunté porque la discusión, y con algo de vergüenza comentó que quería ir a una playa algo perdida para poder ponerse en top-less, y que su marido ni los amigos querían.

Yo le comenté, que conocía una cala que no iba nadie, que podíamos ir, ella dijo que le daba vergüenza ir conmigo, y al final quedó en que si yo me quedaba desnudo accedería. Se la notaba nerviosa, al ir bajando por la cala, hasta el lugar que la llevaba. Estaba deseando ver sus pechos, pero también notaba que ella deseaba verme desnudo.

Al llegar se quitó la parte superior del bikini, eran unos pechos pequeños pero tremendamente redonditos, con unos pezones grandes para el tamaño de sus pechos. "Me alegro que te gusten" comentó con una sonrisa. Después nos quitamos nuestra parte inferior, y mi pene quedó a su vista, ella se quedó mirando, y yo la comenté "el otro día te sorprendió verla, ¿verdad?". Ella se quedó cortada, pero después dijo "hablaré sin tapujos, y reconozco que nunca había visto una polla tan grande".

El ambiente se fue calentando, aunque con cada frase ella lo acompañaba de un "como soy una mujer casada", como queriendo confirmarse así misma, que no debía hacer nada. Pero lo máximo que llegamos ese día fue a darnos crema, y a hablar de todas nuestras experiencias sexuales, ella muy preocupada en preguntar si mi pene hacia daño a las chicas.

Yo tenía un calentón que no tuve más remedio que masturbarme pensando en ella nada más llegar a casa, y ella sabia que iba a hacerlo.

Por la noche, salí con mis tíos y sus amigos, entre ellos Martina, con un vestido blanco que resaltaba todo el moreno tomado durante el día, eran las dos de la madrugada, y los maridos sólo pensaban en irse a casa a jugar a las cartas. Yo iba a seguir de juerga, y Martina volvía a discutir con su marido, porque quería seguir bailando. Él con unas copas de más, añadió que se quedara conmigo al verme que bailaba con unas amigas.

Ella accedió, y al quedarnos solos nos dirigimos hacia la discoteca de la zona, yo no cabía en mi de gozo de tenerla cerca, por la noche y solos en el coche. "¿Que te apetece tomar Martina?", pregunte inocentemente, "la verdad que al discutir se me han quitado las ganas de bailar, Federico" comentó ella.
"¿Porqué no me llevas al mismo sitio que hemos estado esta mañana?". Yo no dije una palabra, y rápidamente giré el coche con un cambio de sentido en la carretera producto de mi excitación.

Bajamos a la cala, donde habíamos estado, llevábamos diez minutos sin decir palabra, hasta que ella me miró, y comentó "Federico, nunca he sido infiel, pero creo que mi marido se lo está mereciendo, y tú tienes un buen motivo".

Ella me empezó a desnudar lentamente, mientras que entregaba sus labios por mi cuello, desabrochando mi camisa, dejando mi pecho desnudo, donde rápidamente bajó a besarlo. Yo, iba pasando mis manos por su pelo, y sus hombros.

Siguió bajando, hacia su verdadero objetivo que era mi polla, que estaba ya totalmente excitada, fue desabrochando cada botón de mis pantalones, mientras me miraba a mis ojos. Me quitó los pantalones, dejándome en calzoncillos, con mi polla que sobresalía de los calzoncillos.

Me hizo tumbar, y se levantó para quitarse el vestido, ella no llevaba los pechos libres, y vestía un tanga blanco. Acercó su pecho a mi boca, y disfruté besando cada parte que me ofrecía a mi lengua, después nos besamos apasionadamente, para después recorrer con su lengua el lóbulo de mi oreja, haciéndome tener escalofríos, y haciéndome percibir que estaba ante una experta en las artes amatorias.

Volvió a bajar, mientras me decía que deseaba tener mi pene para ella sola, agarró mi polla y los hizo pasar por sus pezones, para después acercarla a su boca, hizo pasar unos segundos, hasta que recorrió su lengua por toda mi polla, hasta llegar a mis huevos, que los metió en su boca, incluso llegando con su lengua a la punta de mi ano, algo que no había hecho ninguna mujer antes. Llegó al capullo, y empezó a pasar su lengua, hasta meterse mi boca en su polla, con su lengua haciendo círculos, intento meterse el mayor trozo de polla en su boca. Subía y bajaba, con su boca, haciéndome disfrutar, estaba a tope, queriendo casi correrme, pero ella al notarlo, paró.

Se levantó, y se quitó el tanga, y lo puso en la punta de mi polla, agarró mi polla, y me fue masturbando con su tanga en mi polla, mientras me seguía chupando mis huevos, era tan excitante, que no puede evitar correrme en su tanga. Se acercó a mis labios, y comenzó a besarlos. Me levanté y la hice tumbar, era mi turno de hacerla gozar, e hice que me abriese sus piernas, ver ese coñito que ya había visto por el día tomando el sol, correctamente depilado. Introduje mi cabeza entre sus piernas, y con mi cierta inexperiencia en estas artes, comencé a chupar su clítoris, su vagina, hasta que ella me cogió la cabeza y me iba guiando.

En poco tiempo, estaba excitado otra vez, y ella lo notó. Y me hizo parar, "quiero tenerla dentro, la de mi marido es la mitad que la tuya, llevo diez años con la misma polla".

Esas palabras me excitaban, y me hizo tumbar, y se fue posando sobre mi polla, lo hacia con un cierto temor al posible dolor, pero fue entrando hasta tenerla dentro completamente, y besarme a la vez. Yo la tenía más excitada que nunca. Ella comenzó a moverse y a disfrutar, no hacia más que gemir, y al estar en una playa abandonada, se animaba más a gritar. Cada vez se iba moviendo, como si estuviera con la polla de su marido, me estaba dando un enorme placer. Y la hice ponerse a cuatro patas, con su culo, era precioso, redondito, pero me pidió que no la enculara, así que introduje mi polla por su coñito, pero ahora era yo quien la dirigía.

Me pidió clemencia, para que no fuera demasiado fuerte mis embestidas, primero hice caso, fui poco a poco, pero cada vez la metía toda mi polla, y ella solo gritaba mezcla de placer y dolor, me pedía que la hiciese disfrutar, y cada vez mis embestidas eran más fuertes, mientras ella se iba masturbando su clítoris mientras, y yo agarraba sus pechos pellizcando sus pezones, y pasando mi mano por su boca, chupando cada dedo de mi mano.

Yo estaba a punto de correrme, y ella al masturbase a la vez que tener mis embestidas, llego al orgasmo por segunda vez, ella se dio la vuelta y se dirigió a mi polla, "quiero tu semen joven en mi boca", comento entregada totalmente al placer, y chupando mi polla salvajemente, haciendo que me corriese rápidamente en su boca, y pasando después mi polla por sus tetas.

Estuvimos reposando tumbados en la playa, para después volver a la casa, todos estaban acostados.

Nadie se enteró, y no fue la última vez que llegamos a tener relaciones, pero eso será otro relato.

Si alguien quiere comentar sobre el relato, o bien alguna mujer interesada en hombres con pene de mis dimensiones.

 
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