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La primera vez - Cortesía de Librored.com

Aquella mañana amanecí muy mojado y con mi miembro a punto de explotar. Desperté baca abajo, pero ese roce de mi polla con el colchón era tan divino que no quería parar. Apenas escuché la puerta abrirse me volteé repentinamente. Podía verse cuan erecta estaba por debajo de la sabana. Era Eugenia quien venia a limpiar la habitación. Tenía 19 años y era la muchacha de servicio de la casa. Yo era muy joven. Un imberbe. Me masturbaba  en la ducha de vez en cuando. Pero no dejaba de ser joven. Ella miró y sonrió. Medio dormido aun, apenas reaccioné y entendí que ella había observado que estaba bien duro esa mañana. Ya la cuestión era costumbre, pero creo que esa fue la primera vez que ella pudo detallar el asunto. Yo medio apenado no hice más que correr hacia el baño a ducharme.
Mis días de colegio transcurrían normalmente. Explotaba esas ganas cada tarde al llegar a casa encerrado en mi habitación viendo algunas revistas porno que conseguía clandestinamente. Me excitaba el solo hecho de ver un monte de Venus. Mucho más cuando conseguía apreciar detalladamente un clítoris en una foto. Podía tener 3 o mas eyaculaciones en una tarde.
Eugenia siguió a partir de aquel día entrando repentinamente a mi cuarto a cumplir con su labor, mientras yo debía salir raudo y veloz a la ducha y luego prepararme para ir al colegio. Ella sonreía y yo con mi precoz y duro miembro entre mis manos tratando de esconderlo.
Creo que fui perdiendo la pena, y que se fue tornando un juego. Seguíamos siendo amigos. Ella tenía algo más de 4 años trabajando en casa y ya la veía como parte mi familia. Era estudiosa, simpática, respetuosa, de contextura delgada pero fuerte, de piel blanca, con cara de india. Una mezcla rara de razas. Jugábamos ludo o ajedrez una que otra tarde y casi siempre me ayudaba en mis tareas. Ella estaba más avanzada aunque estudiaba de noche para poder seguir con sus labores de día.
Seria deshonesto decir que ella me provocara un mal pensamiento. Ni siquiera en esas mañanas de gran erección.
Una vez la vi besando a su novio mientras se acariciaban en el jardín de la casa. El ponía ambas manos sobre el trasero de ella. La imagen se me quedo grabada. Una que otra vez me masturbe pensando en aquello pero no precisamente con ella. Solo pensaba en el hecho de tener entre mis manos un rico trasero y acariciarlo. Llegue a envidiar a aquel chico.
Todos los domingos mi familia acostumbraba salir de paseo a almorzar y pasar la tarde. Yo siempre iba con ellos. No se que pasó uno de esos días que no pude ir. Tal vez castigado o con alguna ocupación que impidió que fuera con mis padres y hermanos a pasar el día. En fin, ese día me quede en casa al igual que Eugenia que aunque era una chica de confianza prefería no asistir a estas reuniones familiares. Me limité a pasar la tarde en mi habitación estudiando y viendo algo de televisión. Salí un momento a la cocina a tomar agua y pude escuchar un ruido extraño que venía desde la parte trasera de la casa. Allí estaba el lavandero y detrás de este la habitación de Eugenia.
La curiosidad me llevo hasta allá.
Eran golpes pausados, pero constantes.
Me di cuenta que venían desde la habitación de ella.
No me atreví a llamarla. Acerque uno de mis oídos a la puerta para tratar de escuchar más claramente.
Solo pude escuchar un leve jadeo que acompañaba a aquel constante golpe.
Di la vuelta hacia el patio tratando de acercarme a la ventana de la habitación.
Fue algo incomodo pasar por encima de una verja y trepar algunos materos del jardín de mi madre. Pero logré llegar a la ventana. No tenía una idea clara de que estaría pasando.
Por suerte la ventana estaba entreabierta.
Allí estaba ella echada en la cama.
Desnuda, totalmente desnuda. No lo podía creer. Primera vez que veía a una mujer en todo su esplendor, desnuda y ante mis ojos. A poquitos metros. Solo me separaba de ella aquella pared y esa ventana. Si estiraba la mano podía tocarla. Pero me quede inmóvil. Casi congelado. Tratando de no respirar para no dar parte de mi presencia clandestina en aquel lugar.
No quería ni pestañear. Ella yacía boca arriba cómodamente, con una de sus manos en sus senos. Perfectos y duros senos. Con la otra mano se masturbaba directamente en su clítoris. Podía ver claramente como pasaba uno de sus dedos por el, y una que otra vez metía tres dedos dentro de su coñito. Salían todo mojados. Sus ojos cerrados, sus labios apretados. Gemía, se retorcía. Eran tan fuertes sus movimientos que la cama golpeaba de vez en cuando la pared. Abrió su boca. Quitó su mano de los senos y metió su dedo medio en la boca. Lo sacaba y metía una y otra vez. De igual manera metía tres dedos en su húmedo coño. Yo admiraba aquel acto como algo increíble. No salía de mi asombro. No dejaba de pasar mi lengua por mis labios como saboreando aquel instante. Sus piernas medio inclinadas y abiertas. Sus constantes jadeos. Su coño mojado. Su dedo dentro de su boca. Sus senos perfectos. Casi inconscientemente había sacado mi polla de mi pantalón. La tenía a punto de reventar. Muy mojada y erecta. Acariciaba mis bolas. Luego la masturbaba. Pero era un acto inconsciente. Estaba demasiado emocionado y concentrado mirando a Eugenia.
En un instante ella estaba más intensa en sus movimientos. Saco el dedo de su boca. Dejo de mover los dedos dentro de su almeja. Y grito:

- Oh...ohhhh, Ohhhhh. Coñooooo, ¡que rico! Aaaaahhhhhh.

Sudaba copiosamente. Se retorcía. Apretó sus piernas sobre su mano que no quitaba de su entrepierna.

Me pregunté:
-¿Que tiene? ¿Que le pasa?- Pensé.

Así estuvo por unos segundos. Bajo el ritmo. Abrió sus piernas de nuevo. Quito la mano. Y pude apreciar como estaba de mojada. Muy mojada. Su cuca con pocos vellos estaba como si acabara de ducharse. Se dejo caer sobre la cama como cansada.

-¡Uffff que rico! Esto si estuvo rico. - Dijo-

Entendí que no le pasaba nada malo. Pestañeé por un segundo. Y entre en conciencia. Había tenido una eyaculación y apenas me daba cuenta. Mi polla se movía como si latiera. Aun salía de ella leche. Yo también sudaba. Mordía mis labios. No se cuanto se había acelerado mi respiración.
Espere un momento. No quería dejar de verla. Mi polla aun no se calmaba. Seguía igual de dura como al principio. Quería probar de aquello que mojaba su rajita. Pensaba en lo rico que debía saber. Me imaginaba metido de cabeza allí. Limpiando con mi lengua esa almejita. Estaba perplejo. Tan perplejo que no pude retirarme antes de que ella abriera sus ojos y notara mi presencia.

- ¡Carlos! ¿Que haces allí?- Casi gritó.

Yo aun más mudo e inmóvil que al principio no sabia que hacer.
Ella se levantó inmediatamente y corrió a taparse con una toalla.
Yo torpemente me metí la polla dentro del pantalón, salte por el Jardín como escapando después de haber cometido un delito. Me fui hasta mi cuarto y cerré la puerta. Me quede de espalda recostado a la puerta, jadeando de la carrera. Me calme y me sonreí. No cabía en mi alegría por aquel acontecimiento.

Toc, toc. Tocaron a mi puerta. Obviamente era Eugenia.

Aun estaba sonrojada. Yo no menos que ella. Una pausa que parecía una eternidad antecedió a la pregunta.

-¿Que hacías espiando por mi ventana?

Yo casi jadeando:
-No te estaba espiando, solo fui a ver que pasaba que escuché un ruido raro desde tu cuarto.

-¡Si como no! - refuto ella. -¿Por que no tocaste a mi puerta y preguntaste?

- Esteeeee, no se- Puse mi cara de desentendido.

- Hay Carlitos, te estas metiendo donde no debes. Aun eres un niño y debes respetar mi intimidad- Me dijo casi hablando como una señora.

-Tranquila, no vi nada- Sonreí.
-¿No vistes nada? ¿Si no vistes nada por que tu pantalón esta a punto de estallar?- Dijo mirando hacia mi bulto.

En verdad aun mi polla estaba tiesa. Parecía que iba a reventar.
Ella esperaba que respondiera. Pero ante tal hecho me quede mudo y encogí mis hombros.

-Creo que has hecho mal en espiarme, pero también se como son ustedes los chicos de curiosos. Tan solo te pido que no hables de esto con nadie. ¿Puedes ser discreto? ¿Puedes morir con la boca cerrada?- Preguntó.

-Si, seguro. No diré nada. Te lo juro.-

Allí terminó la conversación. Salí corriendo al baño a limpiarme y cambiarme. No sin antes volver a masturbarme. Pensé esa noche en esa escena. No pude dormir.
Pasarían muchas semanas y las cosas seguirían igual de normal. Eugenia siguió tratándome como siempre. Pero yo comencé a mirarla de otra manera. Cada vez que me pasaba por el lado respiraba lo más profundamente posible tratando de oler sus aromas corporales. No dejaba de apreciar su trasero. Sus curvas. Como se marcaban las puntas de sus senos en su franela mojada. No dejaba de admirarla y reprocharme por no haberlo hecho antes. Casi todas las noches me masturbaba después que veía que se iba a su cuarto. Me imaginé una y otra vez que ella encerrada volvía a hacer aquello que había visto. Ahora esperaba impaciente todas las mañanas que ella abriera la puerta para que me observara como estaba de excitado. No trataba por ningún momento de taparme como la hacia en un principio. Ella solo sonreía y seguía adelante con sus labores. Pero el solo hecho de que ella me viera me excitaba. Pensaba en lo que ella posiblemente pensaría cuando se estaba masturbando. Que tal vez yo o mi polla pasaba por sus pensamientos.
Una de esas mañanas. Entró y yo aun dormía. No tenía clases y ya estaba programado mentalmente a levantarme más tarde. Ella hizo ruido como pudo pero yo seguí profundamente dormido. Movía mis cosas, paso la escoba, sacudió. Estaría allí algo más de media hora. Por ultimo fue a despertarme con la intención de arreglar mi cama. Levanto mi sabana. Y se encontró con que yo estaba totalmente desnudo. Con mi polla una vez más como todas las mañanas endurecida. Por primera vez ella observaba al desnudo, directamente mi miembro. Pero yo dormía.
Desperté al sentir una mano en mi polla. Masturbándome. Sujetándola firmemente estaba ella. Traté de no sorprenderla. Entreabiertos mis ojos la observaba. Ella sentada a un lado. Su mano derecha me masturbaba. La movía suavemente. De arriba hacia abajo. De abajo hacia arriba. Se detenía. Pasaba su mano por la cabeza. Después bajaba. Yo sentía que explotaba. Me mordía los labios. No quería interrumpir ese acto. Trataba de no moverme. Ella seguía haciéndolo. Mirando fijamente mi erecta polla. Luego metió sus manos debajo de mis bolas como sopesándola. Era demasiado. No pude evitar retorcerme, aun mordiendo mis labios. Tome la almohada debajo de mi cabeza la saque y me tapé la cara. Ella dijo sigilosamente:
-¿Te despertaste al fin? Claro ¿con esto quien no se despierta?
Yo mudo con mi cara tapada por almohada, la mordía.
-No dejes de hacerlo- Pensé.
Pareció escucharme, ya que siguió con su mano dándole una buena masturbada a mi polla. Poco a poco y otras veces más intensa. Sentía, escuchaba el golpeteo de su mano contra mi pelvis. Sentía que estaba mojado. Mi polla pasaba lubricada dentro de sus dedos. Me imaginaba su coñito montado sobre mí. Que despertar tan rico. No deje de morder la almohada hasta que sentí que eyaculé. Me quebré el cuerpo. Crucé mis piernas, estirado. Levante mi pelvis hacia el cielo. Su mano no freno. Y en un instante un volcán de placer salió de mi polla. Cayó sobre la cama, sobre mi abdomen, mi pecho. Caliente, hirviente. Su mano se detuvo. Lo acaricio. Limpio la cabecita con sus dedos.
-¿Te gusto? - Dijo casi con ironía. -¡Guao! Que buena eyaculada muchacho
Salí de la almohada. Estaba sudado, mojado de mi leche. Ella sonriente. Se levanto. Fue al baño y regresó al minuto. Yo aun me recuperaba.
-¡Levántate pues! Ese fue el despertador. Anda, tengo mucho que hacer aun. -Dijo.
Casi atónito, me levante, desnudo, sin un ápice de pudor o pena, con mi polla aun erecta y me fui al baño.
Ese día lo pase mudo. Cada vez que miraba a Eugenia, le veía una sonrisa picara.
Nunca imaginé esto. No quería ir esa tarde a el baño masturbarme como lo hacia últimamente. Deseaba que ella volviera a masturbarme como aquella mañana. Deseaba con locura sentir su mano otra vez manoseando mis bolas, mi polla, moviéndola de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba.
El fin de semana siguiente hice cuanto pude para quedarme solo en casa, con Eugenia por supuesto. Necesitaba hablar con ella. Me estaba matando a preguntas. Quería que me respondiera muchas inquietudes. Me di cuenta que sexualmente era la persona más indicada para hablar sobre el tema. El hecho de haberla visto masturbándose y el que ella me hubiera masturbado, creaba cierta complicidad entre nosotros.
Así pasó. Nos quedamos solos en casa ese domingo.
Esa tarde salí de mi habitación directo a la suya. Toqué a su puerta. Ella salió.

-Necesito hablar contigo - Dije seria y decididamente.

-Claro, espérame en el comedor, ya salgo -Respondió.

Tenia una discurso preparado para ella, pero parece que ella estaba mejor preparada que yo.

- Me imagino de que quieres hablar- Comenzó diciendo apenas entro al comedor.

-¿Si de que, a ver?

- Del despertador del otro día- soltando la risa.

-¡Pues!

- No te enrolles Carlitos, me imagino que estas algo confundido.

-Si mucho.

-Bueno, solo debes ser discreto. No hablar de esto con nadie y puedo enseñarte mucho. Pero solo si aceptas mi condición- dijo mirándome directo a la cara.
-Claro. No he dicho nada- Atiné a decir casi entre dientes

- Es sencillo. Te ganaste ese despertador el otro día por que supiste callar lo que viste por mi ventana.-

-No tengo porque decirle a nadie. Me dejaste atontado ese día-

-Si seguro. El punto es que te estas iniciando en el sexo. Imagino que tienes muchas inquietudes y yo he decidido ayudarte. Eres mi amigo. Eres un chico inteligente, serio. Me parece que luces algo más maduro que los otros chicos de tu edad y además estas desarrollándote rápidamente. He notado cuan grande y dura se esta poniendo tu polla. Parece ya de un adulto.- Sonrió maliciosamente

Yo permanecía mudo y sorprendido ante el desenfado al hablar de sexo por parte de ella.

-Te cuento como haremos. Tú me dirás que esperas saber o aprender del sexo. Yo te enseñare a mi manera. Sin apuros, todo con calma y en un lapso de tiempo. ¿Vale?

-Vale.

-Te daré una regla. Nada de penetración por mi coñito. ¿Ok?

-Ok. - Dije sin notar siquiera que me había dicho.

-Podrás preguntar lo que quieras. Te enseñare como nos gusta a las mujeres ser tocadas y tomadas. Creo que estas preparado. A ver. ¿Cual es tu primera pregunta?
-Bueeeeee! No se. Eeeeeeee! Ya se. ¿Te gusto mi polla cuando la masturbaste?

- Si, estaba bien dura. Y fue muy rica tu eyaculada.

-¿Lo volverías a hacer? Es que me gusto demasiado- Casi rogué.

-Si, ¿por que no?

- Pero me gustaría que lo hicieras ya.

-¿Ya? ¡Valla! Estás muy necesitado veo.

- Si, no he podido dormir bien desde aquel día. Ha sido una sensación muy divina. No quiero ni imaginarme como será meterlo en....

-Si, ya lo sabrás algún día pero no conmigo. ¿Vale?

-¡Vale!

-Ven a mi cuarto en 5 minutos. Solo en ropa interior.

Se fue a su habitación y yo a la mía a desvestirme. Regrese en menos de 5 minutos estaba frente a su puerta. Pasaron los eternos 3 minutos restantes. Toqué.

-Pasa- Gritó desde adentro.

Abrí la puerta. La busque con la mirada. Estaba echada a la cama. Solo con su pantaleta puesta. Sus senos al aire. Me acerque tímidamente. Total era la primera vez que me enfrentaba a una situación así. Se me salía el corazón. Aparte del guebo de la bragueta.

-Ven acércate y acuéstate aquí a mi lado.

Así lo hice. Me ericé apenas mi cuerpo rozó su piel. Estaba algo tembloroso.
Me tomo mi mano izquierda. Me dijo:

- Hoy vamos a hacer algo muy rico. Voy a masturbarte como quieres. Pero tu vas a masturbarme a mi. Solo eso. Ok?

-Ok- Dije entrecortado.

Llevo mi mano hacia su entrepierna. La pase por su pantaleta justo encima de su coñito. Mientras ella hacia lo mismo sobre mi interior, que se levantaba con mi polla erecta. Pude sentir que estaba caliente y húmeda. Creo que estaba igual.

-No te voy a decir que hacer, solo déjate llevar.
Suavemente apretaba su cuquita. Primera vez que tocaba una. Ella aprisionaba mi polla con su mano sobre mi interior. Subí mi mano hasta su ombligo. Lo acaricie. Todo plano. Baje hasta rozar el borde de su pantaleta. La levante con mi dedo medio. Mire detalladamente los recortados vellos púbicos. Metí mi mano. Acaricie su pubis, su terso pubis. Suave, algo rellenito, caliente, más húmedo. No deje de palparlo por largo rato. Trate de explorarlo con mi mano lo máximo posible. Seguí bajando. Con mi dedo índice y pulgar busque su rajita. La sentí allí justo en el medio. Me mordí los labios. Luego solo con el dedo índice toque su clítoris. Estaba duro, rígido. No lo veía ya que aun estaba con su pantaleta puesta. Pero lo sentía. Lo presione un poco. Lo explore todo. Le di varias vueltas con mi dedo. Luego lo toque en la punta. Seguido a los lados. Todo se sentía caliente. A los lados estaba algo mojada. Tome su clítoris entre el pulgar y el índice. Y lo frote suavemente. Para ese momento ella ya había sacado mi polla y bajado mi interior. Ya lo masturbaba. Pero yo estaba ajeno a eso. Era lo que quería en un principio pero la sensación de tener a su cuca en mi mano valía vas que nada.
Seguí mi exploración táctil. Con mi dedo medio baje por su rajita buscando sus profundidades. Estaba muy mojada. Sentía sus labios a ambos lados de mi dedo. Subí y baje mis dedos viarias veces. Tratando de imitar lo que había visto en ella hacer aquel día. Llegaba hasta su clítoris, y bajaba hasta la húmeda entrada de su cuquita.
Ella no paraba de menear mi polla entre su mano. Arriba, abajo... arriba, abajo.
Ya la curiosidad me mataba. Tenia que ver de cerca su cuquita. Así que me levante y le quite la pantaleta. La coloque transversal a la cama. Me arrodille en el piso quedando mi cara justo frente a su coñito. Lo observe detalladamente. Su clítoris estaba enrojecido, erecto. Su rajita bastante mojada, tal cual la había sentido con mi dedo. Volví a mi juego con los dedos. Acerque mi nariz para sentir el olor de su almejita. Rico aroma. Con mis 3 dedos centrales la penetre poco a poco. Rica sensación. Algo apretadita. Cada vez mas humada. Ella comenzó a gemir.

-Así, dale Carlitos. No pares. Mmmmmmmm- Decía.

Sumergí mis dedos en sus entrañas. Al meterlos hasta adentro, con al pulgar frotaba su clítoris. Los sacaba otra vez. Adentro, afuera, adentro, afuera. En un segundo sus piernas aprisionaron mi mano. Inmovilizada. Pero mis dedos adentro de ella. Comencé a moverlos hacia todos lados como hurgando dentro de su cochita. Ella cada vez apretaba más sus piernas, gemía, gritaba:
-Así, que rico, dale más, que rico, Ahhhhh, mas, mas.

Más humedad. Más jugueteo. De repente un retorcido de todo su cuerpo. Mi polla eyaculo sin tocarla. Ella casi aullaba de placer. Yo me mordía los labios. Mientras veía esa mujer disfrutando de un largo orgasmo. Mi eyaculada aun seguía. Ella se dejo caer. Pasiva casi inerte. Yo saque mis dedos. Quería probar de su néctar. Era otra de mis fantasías. Me metí los 3 dedos en la boca. Los lamí. Deguste cada gota de su humedad en mis dedos. Demasiado rico, su olor, su sabor. Con mi otro mano toque mi polla y casi de inmediato sentí venir una segunda eyaculada. Algo increíble. El solo sentir ese sabor me hizo venir de nuevo. Esta vez si jadié de placer. Me corrí. Ella yacía en la cama. Como buscando respiro. No aguanté la sensación. Acerque mi cara a su cuquita. Lamí levemente su clítoris. Besé cu coñito. Ella se recuperó. Con sus manos saco mi cabeza de su entrepierna. Me dijo:

-¡Ya basta! Está bueno por hoy. Recuerda paso a paso. Hoy solo era una masturbada mutua. ¿Complacido?

-Como nunca- Dije sonriente. - Gracias.-

 
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