Soy una mujer sensual y ardiente a la que excitan casi todas las cosas que me hacen sentir femenina, por ello no en vano aún con los calores del verano me encanta vestir con medias negras finitas, con goma de encaje o con ligueros negros.
Me encanta la ropa interior muy sexy, para los demás o para mí misma, no importa, me encanta el roce que experimenta mi cuerpo con ese tipo de ropa y sobre todo mi casa está sembrada de espejos donde poder verme y admirar mi propio cuerpo, no es narcisismo, o al menos eso creo, son sensaciones eróticas que no puedo controlar.
Pues me encontraba corrigiendo unos exámenes de mis alumnos queridos, no son malos chicos pero me hacen de sufrir a veces. Pasaba las hojas y se me iba la mente a campos más calientes, me imaginaba recibiendo las protestas de mis alumnos por haberlos suspendido, yo con mi vestidito corto, bien escotado, bien vaporoso y transparente, enormes pechos, deja en la zona de mis pezones una transparencia que hace que hasta desde una cierta distancia se puedan ver sus grandes tamaños, aún en reposo, cuando menos si un joven de 19 años me increpa con su paquete cerca de mi hombro o hasta me imaginaba si en lugar del hijo venía a protestar su padre, hombre de una edad como la mía que al ver lo buena que está la profesora de su hijo pensara que algo debía sacar de aquella situación y si no era la nota del hijo al menos un revolcón que desahogase al padre y tal vez a la caliente profesora, porque una mujer decente no se viste de esa manera, provocando al prójimo.
Siempre me gustó provocar, no importa lo que haga o donde esté, disfruto mucho más provocando que hasta incluso haciendo el acto finalmente. Por eso, estaba yo divagando en mi casa, acariciando mis piernas con la punta de los dedos, bajando entre los muslos y acercándome a la entrepierna que se me antojaba cálida y comenzando a segregar unas ligeras gotitas de flujo preparatorio de algo festivo y sensual. El balcón de mi casa no quedaba lejos y podía observar las ventanas de vecinos, que estaban algunos asomados porque el calor era insoportable.
Seguramente algunos sabían que en el cuarto piso letra m habitaba una mujer que llamaba la atención por su aire desinhibido, eso no pasa desapercibido a nadie, una mujer que viste provocando y que se asoma al balcón sin importar que lleve o no falda y que tras las rejas de la barandilla se adivina una braguita minúscula y unas medias negras no puede ser muy honrada, al menos está abierta a todo tipo de sugerencias, es como si te dijese, mírame y dime qué te parece. Pues en esta buena idea poco a poco quitármela, empecé a desabrochar botones y fui deslizando la seda por mis medias, hasta que cayera al suelo. Entre las rejas el vecino del tercero, un señor de mi edad, unos 40 años, podía ver perfectamente que me había quedado en tanga, uno de esos pequeñitos que tengo y que dejaba asomar parte de mi pelitos vaginales, no es que tenga un bosque, pero me lo dejo crecer porque entre mis amantes ganan los que prefieren pelo a vagina peladita, me lo dejo por tanto crecer unos 3cm y naturalmente mi vecino podía ver los pelitos sobresalir de los minúsculos bordes de mi tanga negro de encaje, que además dejaba casi todo libre porque era de raso, pero no creo que la vista de mi vecino llegara a tanto, lo que sí llegó fue a maniobrar en su bragueta y hacer un movimiento que no dejaba lugar a dudas.
De reojo vi que otro vecino más asomaba, este lo tenía yo visto de otras ocasiones y era el marido o lo que fuese de una señora que le sacaba por lo menos 15 años, él tenía unos 30. Trataba de disimular, pero no me quitaba ojo, parecía que hablaba con la parienta y salía a por algo al balcón, pero quedó como hipnotizado por lo que vio, la madura del cuarto en bragas y aquello parecía que podía seguir. Desde luego a él que le gustaban las maduras, porque si no era incomprensible que viviese con semejante cacatúa, una tía tan sensual como yo, en la plenitud, sexy y madurita le dejó boquiabierto.
Pero me hizo más gracia aún que al poco rato, salió como disimulando con unos pequeños prismáticos, como haciendo que miraba al horizonte, al cielo, como si de un aprendiz de astrónomo se tratase, pero de día como era, no se sostenía, sencillamente era que poco a poco fue bajando el punto de mira hacia mi balcón y hacia mis piernas semi dobladas, bueno hacía todo porque este sí que podía alcanzar la transparencia delantera de mi tanga enano. Fantástico, me estaba poniendo a mil y el de los prismáticos también porque vi como sacó una especie de trípode para tener las manos libres y poder hurgarse sus partes nobles a gusto, mientras la gorda de su mujer o lo que fuese pasaba el aspirador o le lavaba los calcetines.
Aquella situación prometía, mientras el del tercero sin mucho pudor dejaba asomar una sonrisa bobalicona y una salivilla leve por sus labios gozosos, mis manos subieron a mi blusa disimulando que la situación me ponía y mucho, hice como si tuviese un calor irrefrenable y me empecé a desabrochar la blusa, asomando ya los hombros y los tirantes del sujetador también negro, y transparente.
Desde luego de sobra se veía que mi pecho tamaño 100 no era capaz de ser contenido en la minúscula tela suave y que mis pezones siempre grandes eran muy visibles hasta por el más mayor de mis espectadores, el joven podía casi tocarlos desde su puesto de observación privilegiado y movía los labios como si chupaditas diese a los mismos.
Mi blusa cedió a la gravedad y sembró el piso de mi terraza, sujetador y bragas me quedaban, pero tal vez, como yo pienso, una mujer está más atractiva así que completamente desnuda, aunque mis pechos se mantienen aún, no se sujetan tanto desnuda como sujetados sexy, y esa caída natural sé que a los hombres y a algunas mujeres con las que he compartido el lecho sexual les motiva más bien poco. Pero desde luego lo que pretendía era darles un poco más de juego y que pudieran imaginar que me estaba masturbando abierta y notoriamente ante el vecindario, como ellos hacían naturalmente.
Me faltaban manos, a veces pienso que de acabar, desde donde yo estaba se veía poseedor de un gran pene, la gorda debía esta muy contenta con aquel juguetito, se ve que había dejado de pasar el aspirador porque con una bata delgada y semiabierta, que dejaba entrever una ropa interior antigua y grande en tamaño, apareció por el balcón y se extrañó de ver a su compañero con un empalme que ya quisiera ella haber provocado.
No creo que le gustara pero el espectáculo merecía la pena así que observó en la distancia qué lo provocaba. Me miró con un punto de envidia porque mi cuerpo no tenía comparación con sus opulencias, pero a la vez un puntillo de lesbiana le brilló en la mirada al ver como yo me retorcía con caricias a mis pezones y cómo mis manos se encharcaban en mi chorreante y peluda vaginita. Noté que sin hacer ruido también se apartó un poco la bata y comenzó a introducir su dedo corazón en su matorral.
La chica de 20 años estaba asomada a su ventana y veía como su tío se pajeaba viendo a la vecina y observé con más detenimiento que estaba desnuda, porque tal vez esa era su habitación, y se levantaba de una siesta inspiradora de pasión, o tal vez el ver a su tío y sobre todo con el pito bien arriba, uno que no había visto hasta ese momento, la inspiró para asomarse y llamarlo.
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