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Sábado en la camioneta - Cortesía de Librored.com

Ese sábado por la noche estaban aburridísimos. Claro, tres chicos de alrededor de veinte años y sin un centavo para salir, ¿qué podían hacer? Tenían, eso sí, a vuestra disposición una traffic con el tanque lleno de nafta, que Gerardo, uno de tus amigos, usaba para trabajar, pero que no tenía demasiada onda para atraer chicas. Y además Martín había conseguido algo de canabis por lo que simplemente se quedaron fumando en su casa y tomando unas cervezas que consiguieron con las últimas monedas que les quedaban. A eso de las dos de la mañana estaban totalmente motivados para salir, pero sin dinero, por lo que decidieron salir a dar unas vueltas en la traffic para distraerse un poco y matar el tiempo.


Ya en la camioneta se empezaron a acordar de cuando se habían llevado a una prostituta a tu casa, y la enfiestaron entre los tres. Pero eran tiempos pasados, ahora no podían darse ese lujo de pagar por sexo. No recuerdas de quien fue la idea, pero alguno de ustedes propuso subir por la fuerza a una chica a la camioneta y follársela. Por supuesto, al principio era solo un chiste. Pero mientras se reían imaginando esa situación, miraban a las chicas en la calle y se empezaron a calentar. No sabes como ocurrió, no tienes ni idea de como llegaron a eso, pero de pronto los tres se lo habían tomado en serio y querían llevarlo a cabo. Buscaban entre las mujeres que caminaban solas por las calles oscuras, y no se decidían por ninguna. Fue por Devoto, en alguna calle dentro del barrio, que encontraron aquella chica rubia con minifalda celeste. Gerardo acercó la camioneta y avanzaba muy despacio a la par de la chica, y Martín le preguntó por la ventanilla, del lado del acompañante, como hacían para llegar a la Av. Beiró. Entonces la chica dejó de caminar en aquella calle desierta y mal iluminada, y se acercó a la traffic para explicarles como llegar. En ese momento vos abriste la puerta de la camioneta y te bajaste de un salto, intentaste subirla pero ella se resistió, y ante el temor a que alguien los descubriera le pusiste una terrible piña en la mandíbula. Aprovechaste que quedó medio inconsciente y la llevaste a la traffic, mientras le gritabas a Gerardo que arranque. Mientras salían de Buenos Aires hacia algún sitio mas tranquilo trataron de calmarse. Tomaron más cerveza y fumaron un poco. La chica se recompuso y entre lágrimas les pregunto si querían plata, que ella les podía dar mucho dinero, y otro tipo de súplicas por el estilo, sin dudas previendo su destino. Cuando llegaron al campo Gerardo se metió en un camino de tierra, y ya donde nadie podía verlos estacionaron. Martín y Gerardo se pasaron a la parte de atrás de la camioneta, junto a vos y la chica. Ella los miraba aterrada mientras ustedes bromeaban. Al fin Martín decidió comenzar.


-Mira flaca, acá te vamos a follar bien follada, así que tienes dos opciones, o te pones las pilas y tratas de pasarla bien, o te seguís resistiendo y además de follarte te vamos a cagar a palos.-
-¡No, por favor no!- gritó ella -¡No me hagan nada, por favor, por favor, por favor!-
-Hagamos una cosa- dijiste, mientras guiñabas un ojo a los chicos -si te desnudas y nos chupas la polla a los tres, no te follamos. Si no, te rompemos el culo.-


Ella lloró un poco, pero cuando Martín se puso detrás de ella y le empezó a sacar la remera, se decidió y dijo


-Está bien, está bien. Que sea sin violencia.


Se sacó la remera y el corpiño. Los tres se abalanzaron y de pronto seis manos le estaban toqueteando las tetas, mientras ella lloraba y se dejaba hacer. Gerardo se las chupaba y estrujaba, y vos te paraste y te bajaste los pantalones, la agarraste de los pelos y le metiste tu polla en la boca, que ella chupo con los ojos cerrados, como tratando de no ver lo que estaba haciendo.


Martín la hizo arrodillarse, y haciéndole entreabrir las piernas, le corrió a un lado la bombacha y descubrió un coñito hermoso, cubierto de pelitos rubios, que acarició suavemente durante un rato. Gerardo se cansó de esperar su turno y se paró, y luego de desvestirse por completo reclamó una parte de lo que le tocaba, por lo que le sacaste la polla de la boca a esa muchacha para que él pudiera meter la suya. Pronto los tres estaban parados y obligaban a esa muchacha a chuparles las s con ganas, intentando cumplir un trato que ustedes sabían que no iban a respetar. Mientras ella le chupaba la polla a alguno de ustedes, los otros dos le pasaban la polla por la cara, como si intentaran penetrarla por los ojos, por las orejas, por todas partes.


Finalmente acabaron de a uno, inundándole la boca de semen y obligándola a tragarse todo, y a dejarles las pollas limpias con su lengua. Se sentaron y prendieron cigarrillos, descansando después de semejante chupada, mientras ella seguía arrodillada y llorando desconsoladamente. Al cabo de unos minutos, cuando ustedes ya estaban dando las últimas pitadas, ella pidió que la dejaran ir.


-Espera un poco- dijo Martín -tranquilízate que todavía queremos verte un poquito.
-Pero... hicimos un trato, -respondió ella- y yo ya cumplí mi parte...
-¿Quieres que te caguemos a palos? -le dijo agresivamente Gerardo, mientras se levantaba y caminaba hacia ella -acuéstate, y quédate bien calladita porque sino te rompo el alma, piba.


La obligó a acostarse boca abajo, y la chica estaba tan atemorizada que no dijo ni una palabra. La terminó de desvestir, quitándole violentamente la pollera y arrancándole la bombacha. Te llamó. Te pidió que le separes bien las nalgas. Vos apoyaste tus manos en los cachetes de ese culo hermoso, y con fuerza lo abriste dejando expuesto el pequeño orificio de la chica. Gerardo se llenó los dedos de saliva, y le metió uno en el culo, hasta el fondo, y la chica empezó a gritar y a resistirse con renovadas fuerzas, sin dudas provenientes del dolor que sentía. Entonces Martín se levantó, y le metió los restos de su bombacha en la boca, poniendo luego su mano sobre esta para que se estuviera callada, y sujetándole los brazos por detrás de la espalda.
Gerardo siguió penetrándola con su dedo, ahora metiéndole tres dedos en el coño al mismo tiempo que intentaba abrirle el agujero del chochete tanto como podía. Vos te pusiste debajo de la chica, y apoyaste tu cabeza entre sus labios vaginales. De a poco fuiste entrando, al mismo tiempo que observabas la cara de espanto que ella ponía mientras te la follabas. Gerardo también quiso penetrarla, por lo que dispuso del agujero de atrás. Realmente la chica estaba sufriendo del dolor en aquella doble penetración. Cuando estabas a punto de acabar le empezaste a hablar con voz dulce.


-¿Quieres tener un hijo?- le preguntaste -Porque no estoy usando forro. Probablemente te quedes embarazada. Eso va a ser lindo. Me voy a llevar tus documentos, así sé donde vivís. Y cuando te vaya creciendo la pancita, yo te voy a espiar y voy a saber que el hijo que llevas adentro es mío. Cada vez que mires tu panza te vas a acordar de mí. Y cuando nazca y lo mires a los ojos vas a saber que ese chico va a ser el fruto de esta follado... ah... ah... aaaahhhh... -y le llenaste el coño de leche mientras ella lloraba aterrada.


Un poco después Gerardo le estaba llenando el culo con su esperma, y ambos se corrieron, dándole lugar a Martín que también tenía ganas de echarse un polvo más.


-¡Mierda!- dijo Martín -¡Miren como le chorrea leche del culo! Es un asco, ténganmela que le voy a hacer un hermanito para que juegue con el que le hiciste vos- dijo mientras te miraba sonriendo.


La pusieron boca arriba y le sujetaron los brazos. Martín se tiró encima de ella y la penetró de un golpe, y luego de sacarle la bombacha de la boca le empezó a escupir saliva para que la tragara, hasta que no pudiendo retenerse mas acabó dentro de la chica, y su semen se juntó con el tuyo en el interior de ese coñito rubio.


La sacaron de la camioneta, y la abandonaron en el campo, desnuda, y se volvieron a la ciudad. Unos meses mas tarde, cuando caminabas por la calle, un auto se paró al lado tuyo. En el interior de ese auto iban tres hombres, y la chica que violaron, que te señalaba a vos. Te obligaron a subir al auto, aunque trataste de escapar inútilmente. Te vendaron los ojos y te llevaron a un sótano en algún lugar. Te violaron varias veces, te introdujeron fierros en el culo, y... te cortaron el pito. Luego supimos que a tus amigos les hicieron lo mismo, y confesaron todo. Hace una semana que despertaste en este hospital y no recuerdas nada. Yo quiero que recuerdes. Para que sigas sufriendo...
 
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