¡Por el pompi, no! Definitivamente esta tía es estúpida, pensé metiéndole la lengua por el culo hasta los intestinos. Quizá lo dijo porque no lo tenía excesivamente limpio, dado el regusto amargo que me quedó en la boca cuando saqué la lengua.
Me he emocionado tanto con escribir esta "aventura" que me he olvidado de presentarme: soy Luís y ella es Nines (de Angelines), una "polla" de "todo lo que llevo es de marca, o sea, ¿no?", aunque ya tiene una edad para estas historias, debe rondar los 45.
Todo empezó el martes pasado, cuando tuve que ir a su oficina, para intentar solucionar unos problemillas que tenía con el personal de su empresa, soy asesor suyo de hace tiempo y ya sabía que la tía era una súper fashion. La verdad es que la que más me interesaba ver era a su secretaria, Lourdes, una mujer inteligente y agradable con la que tengo una buena relación, hay feeling, aparte de que la considero muy atractiva.
Mi sorpresa fue que cuando llegué, Nines estaba sola en la oficina. El caso es que nos llevó menos tiempo del que creía solucionar los problemas y empezamos a hablar de tonterías. Cuando le pregunté donde estaba Lourdes, me miró fijamente y riendo me suelta: - A ti te gusta Lourdes, ¿eh?
Yo quedé un poco cortado, estoy casado y ella lo sabe, pero fue mi despiste inicial lo que le hizo soltar una carcajada antes de que contestase y, poniéndome la mano en la rodilla, dice: "No te preocupes, no se lo diré a nadie. Que suerte tiene, no como otras", lo de la mano en el muslo me dejó aún más desconcertado, pero me repuse y con una sonrisa dije" ¿Qué tienes celos?". Se le dibujó una "O" en la cara y me contesta "¡Ay, que tonto eres!", pero la mano subió de mi rodilla al muslo, mientras soltaba unas pequeñas risitas.
O me pega una hostia o me como su coño, pensé y me lancé a acariciar su pecho por encima de la camisa que llevaba. Se sobresaltó al principio, pero después su mano llegó a mi entrepierna que ya empezaba a montar la tienda de campaña. Nos quedamos desnudos en un santiamén, no sé si me quité la ropa o me la quitó ella, pero el caso es que la "polla" estaba realmente buena, a pesar de la edad, tenía unas tetas firmes y un cuerpo cuidado, no hay como tener pasta para cuidarse.
Empezamos a magrearnos mutuamente, manos en la polla, en el culo, en las tetas, en el coño, parecía que había más de cuatro manos. La hice apoyarse en la mesa de su despacho con el culo en el filo de la mesa, bien abierta y, dado que no dio la hostia, empecé a comerle el coño. ¡Que manera de soltar flujos!, gritaba y me cogía del pelo para que le metiese bien adentro la lengua. En un momento le di la vuelta y le abrí culo para ver como estaba de lubricado y fue cuando me soltó lo del pompis.
Después de una repasada a su culo, no se quejó una vez que mi lengua buscó en su trasero, volví a darle la vuelta y puse mi polla, que estaba a punto de reventar, en la entrada de su coño. La miré a los ojos, mientras iba introduciendo mi polla en su lubricada cueva, pude contenerme de empezar a bombear como un poseso y me dije, despacito que te lo pida ella.
- ¡Ohhhh! Paré para ver quien acababa de entrar en el despacho y me encontré con la cara de Lourdes con una expresión entre sorprendida y divertida.
- ¡Sigue! ¡No pares! - Me chilló la histérica de su jefa
El cliente siempre tiene razón, pensé y continué, no sin antes decirle a Lourdes: - ¿Qué? Te apuntas.- Soy gilipollas, pensé nada más salir de mi boca estas palabras, acabas de dar por finalizada una amistad muy maja solo por hacerte el graciosillo.
¡Ja!, la sorpresa fue que Lourdes se me acerca y me dio un morreo que me dejó sin respiración mientras acariciaba mi pecho y mi culo que seguía bombeando. De perdidos al río, pensé y dije: "¿Qué te parecen las tetas de tu jefa?" Me echó una mirada de sorpresa, pero se desnudó y se subió a la mesa y empezó a masajearle los pechos a Nines que no se lo esperaba, pero que tampoco se lo impidió, es más, empezó a acariciarle el coño a Lourdes que se iba poniendo cada vez más caliente.
Soy un poco voyeur, para que negarlo, y la visión de las dos mujeres acariciándose, e incluso besándose delante mío, me puso a mil, pero a Nines, aún le puso más caliente porque tuvo un orgasmo en el momento en que Lourdes empezó a hacerle una comida de tetas. Yo saqué mi polla para intentar recuperar fuelle y me deleitaba con la imagen de jefa y secretaria mientras mantenía mi cipote en el monte de venus de Nines.
Cuando Lourdes lo vio, allí parado, bien firme, bajó de las tetas que se estaba comiendo y empezó a hacerme una mamada mientras ponía el coño en la boca de su jefa que, parece ser que se lo comió (yo no lo veía). Fue demasiado para mí, solté tal descarga en el orgasmo más bestia que recuerdo, que llené la cara de Lourdes de leche y ella lejos de apartarse, siguió lametón a lametón hasta dejármela bien limpita.
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